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Aperitivo italiano, el arte de convertir la tarde en un ritual

27 julio, 2026

A las siete de la tarde, Italia entera parece ponerse de acuerdo sin haberlo hablado. Las oficinas se vacían, las plazas se llenan y en cada barra aparecen copas de colores junto a unos platillos diminutos. No es la cena ni la previa de nada. Es el aperitivo italiano, un ritual con más de dos siglos de historia que ha convertido el atardecer en el momento más esperado del día. Entenderlo explica muchas cosas. Entre ellas, por qué media Europa brinda hoy a esa misma hora.

Una palabra que significa abrir

La clave está en el propio nombre. Aperitivo viene del latín aperire, abrir, porque su misión original era abrir el apetito antes de sentarse a la mesa. Por eso las bebidas de esta hora comparten carácter. Son amargas, ligeras y de baja graduación, pensadas para despertar el paladar sin saciarlo.

Ahora bien, si el aperitivo fuera solo una bebida típica italiana, no habría conquistado el mundo. Lo que Italia inventó de verdad es un uso del tiempo. Una frontera amable entre el trabajo y la noche donde lo importante no es lo que hay en la copa, sino con quién te la tomas.

Tres ciudades para entender la cultura del aperitivo italiano

Cada ciudad vive esta hora a su manera, y en ese mapa hay tres paradas que resumen toda la historia.

Turín, la botica donde empezó todo

En 1786, el herbolario Antonio Benedetto Carpano infusionó vino moscato del Piamonte con una treintena de hierbas y creó el vermut. Su tienda junto a la Piazza Castello se llenaba cada tarde y cuenta la leyenda que el propio rey Vittorio Amedeo III se rindió al nuevo elixir. En los cafés elegantes de la que sería primera capital de Italia, tomar algo antes de cenar dejó de ser una costumbre y se convirtió en un arte.

Milán, el aperitivo convertido en espectáculo

Milán puso el contrapunto con su bitter rojo y un cóctel que unió a las dos ciudades rivales, el Milano-Torino, mitad Campari milanés, mitad vermut turinés. Los turistas estadounidenses de los años veinte lo pedían con tanta insistencia que acabó rebautizado como Americano, quizá la primera bebida italiana que cruzó el Atlántico por derecho propio. La ciudad también inventó la apericena, esa versión abundante en la que el bufé que acompaña la copa puede sustituir directamente a la cena.

Venecia, la hora dorada al borde del agua

En Venecia el aperitivo se vive en la calle, saltando de bacaro en bacaro con un spritz veneziano en la mano, rojo, amargo y coronado con una aceituna verde. Se acompaña de cicchetti, pequeños bocados sobre pan que se comen de pie mientras el sol cae sobre los canales. Es la versión más informal del ritual y, para muchos, la más auténtica.

De aquí viene también una de las palabras más bonitas del vocabulario del aperitivo. Los venecianos llaman ombra, sombra, a un vaso de vino, en recuerdo de los vendedores que movían sus puestos siguiendo la sombra del campanile de San Marcos para mantener el vino fresco. Pedir un’ombra sigue siendo hoy la forma más veneciana de empezar la tarde.

Las reglas no escritas de la hora del aperitivo

Nadie las enseña, pero todo el mundo las cumple. Quien se sienta en una terraza italiana entre las seis y las ocho de la tarde participa, sin saberlo, en una liturgia con códigos muy concretos.

  • Se bebe poco y amargo. La copa abre el apetito, nunca lo sustituye, y por eso la graduación se mantiene baja.
  • Los stuzzichini no son una cena. Una aceituna, un colín, un trozo de focaccia. Bocados que acompañan, no que llenan.
  • La conversación va ligera. Los temas espinosos se dejan para otro momento, esta hora protege el buen humor.
  • La cuenta se paga a la romana. A partes iguales y sin calculadora, porque nadie está aquí para hacer cuentas.
  • Dura lo que tiene que durar. Dos horas como máximo. El aperitivo es la antesala de la noche, no la noche entera.

Del Véneto a la sobremesa mediterránea

Con el italian spritz como embajador, el ritual acabó saltando fronteras y encontró en España un territorio que ya hablaba su idioma. Aquí existía la hora del vermut, el tardeo, la sobremesa que se alarga sin mirar el reloj. El aperitivo spritz no tuvo que conquistar nada. Le bastó con sumarse a una conversación que ya estaba empezada. La escena se reconoce en cualquier terraza española un sábado cualquiera, con la única diferencia de que aquí la hora dorada empieza cuando aprieta el sol y termina cuando a nadie le apetece mirar el reloj.

En ese cruce de caminos trabaja Lolea, que recoge la herencia del aperitivo italiano y la traduce al Mediterráneo con vino espumoso, botánicos como la bergamota o el azahar y una graduación ligera, pensada para acompañar la tarde sin robarla. Doscientos años después de aquella botica de Turín, la hora dorada sigue celebrándose. Solo ha cambiado de acento.

Preguntas frecuentes sobre el aperitivo italiano

Para terminar, pero no menos importante, te facilitamos una serie de preguntas frecuentes que te ayudarán a conocer mejor la cultura del aperitivo italiano.

¿A qué hora se toma el aperitivo en Italia?

Por lo general, entre las seis y las ocho de la tarde. Es la transición social entre la jornada laboral y la cena, pensada para conversar sin prisa con una bebida ligera, amarga y de baja graduación, acompañada de pequeños bocados. Rara vez se alarga más de dos horas, porque el aperitivo es la antesala de la noche, no la noche entera.

¿Qué diferencia hay entre el aperitivo tradicional y la apericena?

El aperitivo tradicional se acompaña de stuzzichini, bocados pensados para abrir el apetito sin saciarse, como aceitunas, colines o un trozo de focaccia. La apericena, nacida en Milán, va un paso más allá. Junto a la copa se sirve un bufé tan abundante que puede sustituir por completo a la cena.

¿Qué se bebe y qué se come en un aperitivo italiano?

Las bebidas clásicas comparten un mismo carácter, amargas y ligeras. Las más habituales son el vermut, el Americano y el spritz, con su variante veneciana de Select y aceituna verde. En la mesa, los stuzzichini cambian según la región, de los colines y encurtidos del norte a los arancini fritos del sur, y en Venecia los cicchetti que se comen de pie en los bacari.

¿Cómo se conecta el aperitivo italiano con el tardeo mediterráneo?

Comparten la misma filosofía, disfrutar del atardecer de forma relajada y social, con una copa que acompaña la conversación en lugar de protagonizarla. Marcas como Lolea recogen esa tradición italiana y la reinterpretan en clave mediterránea, con vinos espumosos de baja graduación y botánicos como la bergamota, el azahar o la albahaca.