
Qué significan los grados de alcohol en tu copa y cómo alargar una tarde bebiendo menos
30 octubre, 2026

Todo el mundo mira los grados en la etiqueta y casi nadie sabe traducirlos a lo que de verdad importa, cuánto alcohol hay en la copa que tiene en la mano. Saber qué significan los grados de alcohol no es cosa de expertos ni de sermones. Es una cuenta de primaria que cambia la forma de elegir qué beber y a qué ritmo, y que explica por qué una tarde de cinco horas con copas de ocho grados puede acabar mucho mejor que una de dos con copas de trece. Aquí van los números, sin adornos.
¿Qué es la graduación en las bebidas alcohólicas?
Para que se entienda esta duda, vamos a hacer nuestra explicación con una copa de 150 mililitros. Por ello, empezamos definiendo que, la graduación es el porcentaje de alcohol puro que lleva una bebida. Una de ocho grados tiene ocho mililitros de alcohol por cada cien, y el resto es agua, vino, fruta, azúcar y burbuja. Para saber cuánto alcohol bebes de verdad basta multiplicar los mililitros de la copa por los grados y por 0,8, que es lo que pesa el alcohol, y dividir entre cien. Es la fórmula que usa Sanidad, y el resultado se mide en gramos.
Con los gramos entra en juego la medida que de verdad importa, la unidad de bebida estándar, que en España equivale a diez gramos de alcohol puro. Es la vara con la que se miden los límites de bajo riesgo y la que permite comparar una copa con otra sin engañarse. La tabla hace la cuenta con una copa normal de 150 mililitros y las bebidas de una tarde cualquiera.
| Qué hay en la copa (150 ml) | Graduación | Alcohol puro | Unidades estándar |
|---|---|---|---|
| Sangría frizzante ligera | 5,5 grados | 6,6 gramos | Dos tercios de unidad |
| Spritz embotellado | 8 grados | 9,6 gramos | Una unidad |
| Vino tinto o blanco | 13 grados | 15,6 gramos | Una unidad y media |
| Vermut (se sirve en copa menor) | 16 grados | 19,2 gramos | Casi dos unidades |
¿Qué significan los grados de alcohol cuando pasas de ocho a trece?
La tabla dice algo que no se ve en la etiqueta. Una copa de vino de trece grados lleva el alcohol de una copa y media de spritz de ocho. Misma copa, mismo gesto, mismo rato de conversación, pero un sesenta por ciento más de alcohol en cada trago. A lo largo de una tarde de cuatro copas, la diferencia es la de haber bebido seis. Por eso los grados no son un detalle técnico sino la decisión más importante que tomas antes de sentarte, mucho más que cuántas copas te vas a tomar, que eso rara vez se decide de antemano.
Por qué el ritmo importa más que la cantidad cuando quieres que la tarde sea de dos a cinco horas
El cuerpo elimina el alcohol a un ritmo bastante fijo, en torno a una unidad estándar por hora, con variaciones según peso, sexo y lo que se haya comido. Esa cifra lo explica casi todo. Cuatro copas de spritz de ocho grados son unas cuatro unidades. Repartidas en cinco horas, el hígado va casi al mismo paso que tú y la tarde termina con la cabeza en su sitio. Las mismas cuatro copas en dos horas se acumulan, porque entran el doble de rápido de lo que salen. La cantidad es idéntica, lo que cambia es el reloj. Esa es la razón de que los planes largos, de los que se cuentan en nuestra guía de planes con spritz, sienten mejor que las copas rápidas de antes de cenar.
Para tener la referencia completa, Sanidad fija el consumo de bajo riesgo en dos unidades al día para hombres y una para mujeres, y advierte de que no existe un nivel de consumo seguro. No es un sermón, es el dato con el que cada uno decide. Con copas de ocho grados, esas dos unidades son dos copas enteras. Con vino, poco más de una.
Consejos sobre cómo beber sin emborracharse
No hay trucos mágicos, pero sí cuatro cosas que cambian de verdad cómo acaba la tarde. Y conviene saber también cuáles no sirven de nada, por mucho que se repitan en todas las barras.
- Comer antes y durante. Con el estómago lleno el alcohol pasa a la sangre mucho más despacio. Unas tapas no son un adorno del aperitivo, son parte del plan.
- Alternar con agua. No rebaja el alcohol que ya has bebido, pero hidrata, quita la sed con la que se bebe demasiado rápido y marca el ritmo. Una copa, un vaso de agua.
- Elegir la graduación antes que la cantidad. Es la única decisión que se toma una vez y vale para toda la tarde.
- No empezar con sed ni con prisa. La primera copa es la que más rápido entra, y la que marca el ritmo de las siguientes.
Lo que no funciona, aunque lo hayas oído mil veces, es el café, el aire frío, la ducha o aguantar de pie. Ninguno acelera al hígado. Lo único que baja el alcohol en sangre es el tiempo, y por eso todo lo demás consiste en ganarlo.
¿Cuántas calorías tiene una copa de spritz?
La cuenta es tan sencilla como la de los grados. El alcohol aporta siete calorías por gramo, casi el doble que el azúcar. En una copa de 150 mililitros de spritz de ocho grados, los 9,6 gramos de alcohol suman unas 67 calorías, y el azúcar de la fruta y del espumoso añade entre 30 y 50 más según la receta. En total, entre cien y ciento veinte calorías por copa. Una copa de vino de trece grados ronda las ciento veinte solo por el alcohol, y un spritz de bar con sirope o licores dulces puede pasar de ciento cincuenta. La lección es la misma de antes, en una copa larga, las calorías las ponen sobre todo los grados, y después el azúcar añadido.
Lo que se gana con una copa de ocho grados, el argumento de Lolea en números
Toda la gama de Lolea se mueve entre los siete y los ocho grados, con fruta y botánicos naturales y sin añadir licores. Traducido a las cuentas de arriba, cada copa es una unidad estándar o menos, dos copas caben dentro del consumo de bajo riesgo de un hombre y una tarde de cuatro copas en cinco horas se parece mucho a lo que el cuerpo elimina por el camino. No es una bebida para beber más, es una bebida para que la tarde dure más con el mismo alcohol. Esa es la diferencia entre una copa de ocho grados y una de trece, y es toda la razón de ser de beber menos y mejor.
La tarde larga es la que se recuerda
Nadie recuerda la tarde por la cantidad de copas, sino por lo que pasó entre una y otra. Saber lo que hay dentro de cada una no quita ninguna gracia al aperitivo, al contrario, es lo que permite que dure cinco horas en lugar de dos y que el último brindis sepa tan bien como el primero. Beber menos y mejor no es una renuncia. Es la manera de quedarse en la mesa.

